La resiliencia es el término que se usa en psicología positiva para denominar la capacidad de sobreponerse a las circunstancias que la vida te depara. Cuando eres una persona resiliente, no dejas que la adversidad te defina, creces cuando te enfrentas a los desafíos y los vences mediante el uso de tus propios recursos emocionales.

Esta capacidad de superar obstáculos (accidentes, fallecimientos, problemas económicos, sentimentales) te da la posibilidad de vivir una vida más plena y feliz, porque te permite relativizar los problemas, ser consciente de la realidad que te rodea y centrarte en el aquí y ahora.

Cuando una situación negativa te sobrevenga, debes recurrir a las fortalezas y capacidades positivas de tu capital psicológico, como la esperanza, el optimismo y el control personal. Y también debes saber una cosa: puedes entrenar a tu cerebro para que sea más positivo y optimista.

Importancia de la educación

Esta cualidad tiene una estrecha relación con la educación que recibes desde la infancia. Los niños más resilientes son aquellos que han sido criados con límites razonados y una educación en valores, en lugar de, o bien estilos autoritarios o bien demasiado permisivos.

Las cualidades de este tipo de educación son la calidez y afecto de los padres, mezclados con una estructura familiar definida y apoyo en lo que sea necesario. Este enfoque fomenta la aparición de cualidades en los niños como la independencia, la autonomía, autocontrol y capacidad de demostrar sentimientos.

Del lado contrario, el estilo autoritario o el demasiado permisivo suelen dar como resultado niños rebeldes o dependientes, que experimentan más desconfianza de los demás.

Otros factores:

Pero el estilo de crianza es solo uno de los muchos factores que afectan la capacidad de sobreponerse a las adversidades. También influye el nivel de educación de los padres, el estatus socioeconómico y el ambiente hogareño (organizado frente a desorganizado) como fuertes influencias en el desarrollo de esta característica psicológica.

Entornos para el crecimiento

Los entornos que proporcionan estructura y seguridad tienen efectos sobre el desarrollo de la resistencia psicológica individual.

La educación es otro factor importante a considerar, ya que proporciona estructura y oportunidades para que las personas aprendan y desarrollen habilidades y talentos. Esto también se puede fomentar a través de organizaciones sociales, como equipos deportivos o clubes. Estos entornos te permiten desarrollar una autoimagen positiva y sentirte útil.

¿Cómo ser más resiliente?

Incluso si el entorno en el que creciste no era ideal para el desarrollo de esta capacidad, nunca es demasiado tarde. Puedes aprender. Solo hace falta un poco de práctica y voluntad.

Debes estar dispuesto a percibir los momentos de crisis como una oportunidad para el desarrollo y crecimiento. Para ello, debes contar con los siguientes factores:

1. Positividad

Las personas que son resilientes a menudo muestran una actitud positiva. No etiquetan el fracaso como algo negativo, sino que lo ven como una retroalimentación útil y motivación para trabajar más y mejorar.

2. Mentalidad de éxito

La sociedad actual está volcada en la consecución del éxito. Vivimos ansiosos por lograr nuestros objetivos, ya sean físicos, empresariales, laborales, sentimentales o económicos.

No obstante, todos tienen algo en común: un camino pavimentado con la incertidumbre, el sacrificio y los reveses. Por eso, es clave que aprendas a fomentar un sentido de resistencia dentro de ti para asegurarte de superar los obstáculos que se presentan cada día.

A continuación, detallamos una serie de herramientas diseñadas para ayudarte a cultivar esta capacidad y, al hacerlo, prepararte para el camino a seguir.

3. Identifica y aprovecha tus fortalezas

Mucha gente no sabe cuáles son sus puntos fuertes. Pero cuando eres consciente de ellos, te aseguras de tener las mejores posibilidades de conseguir la estabilidad y la paz mental.

4. Aprende a percibir los obstáculos como desafíos

Cuando te enfrentas con un problema, podrías tener la tendencia a verlo como un ataque, como algo que te impide avanzar y solo te pasa a ti.

Esta mentalidad de víctima obstaculiza tu progreso y, por lo tanto, debilita tu sensación de resiliencia. Por ejemplo, al recibir críticas por parte de tu jefe, puedes responder con enfado, intentar negar o excusar el resultado de tu trabajo o incluso quejarte a tus compañeros.

Incorporar este tipo de mentalidad te prepara para el fracaso. Si este ciclo te sucede varias veces continuadas, corres el riesgo de derrumbarte. En cambio, debes aprender a percibir tales obstáculos como desafíos.

Las personas con una perspectiva de desafío se esfuerzan por ver el problema como una oportunidad de crecimiento y de superarse a sí mismas.

Esta mentalidad victoriosa fomenta el crecimiento, lo que aumenta su capacidad de recuperación.

5. Enfócate en el progreso, no en los objetivos

Es mucho más probable que salgas de una situación de crisis si te centras en tus progresos y no en tus objetivos. Y esas posibilidades se multiplican si además, exteriorizas esos progresos o incluso los registras físicamente.

Al reconocer constantemente tu progreso, no importa cuán pequeño sea, envías cantidades de dopamina a tu cerebro y, por lo tanto, te recompensas por tus acciones. Esto simplemente refuerza la acción futura y si surge algún contratiempo, es mucho más probable que los superes.

6. Cambia tu esquema mental

Hay un modelo que te ayuda a cambiar tu esquema mental después de un trance complicado en la vida. Es particularmente útil para romper una adversidad dada y ver cómo son tus creencias sobre lo sucedido, y no el hecho en sí, las que hacen sentirte de una determinada forma.

Esto te permite un mayor nivel de conciencia sobre tus propias reacciones y, posteriormente, una respuesta más ajustada y saludable a la adversidad. El modelo se compone de 5 pasos:

– Adversidad.

– Creencias.

– Consecuencias.

– Disputa.

– Energización.

Estos pasos ofrecen las claves para desarrollar resiliencia, que implica reconocer cualquier patrón de pensamiento desfavorable, encontrar la verdadera razón detrás de las emociones, reconocer el impacto negativo de éstas, aprender a desafiarlas con ideas variadas y así comenzar a elegir nuevos cursos de acción más efectivos.

Conclusión

La felicidad constante no existe, pero sí la estabilidad emocional y la capacidad de evitar que los problemas acaben controlándonos e impidiéndonos disfrutar de los buenos momentos. No obstante, saber vivir el presente y superar las adversidades, requiere construir una nueva realidad sobre tus fortalezas, perseverar y ser amable contigo y con los demás.

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