Actualmente los trastornos de pánico son una de los principales consecuencias de una ansiedad prolongada e intensa, que incluso acaba cronificándose con el tiempo. El miedo es un elemento especialmente relevante en este trastorno, pero si esta emoción es adaptativa y necesaria para nuestras supervivencia, ¿cómo la hemos convertido en algo que nos causa tanto sufrimiento?

Según indican las investigaciones, en estos últimos años han ido en aumento los casos de personas que sufren por trastornos de pánico. Algo, que sin duda, nos aporta mucha información sobre que algo no funciona bien en nuestra forma de vida. Sabemos que hay muchos factores presentes en nuestro entorno que nos están produciendo una especial ansiedad, pero la solución no recae en poner el foco de atención ante las circunstancias difíciles que estamos viviendo. ¿Qué estamos haciendo nosotros ante esas circunstancias?

Queda claro que si queremos asumir la responsabilidad de lo que nos sucede, el primer paso es reflexionar acerca de nuestra actitud y de tomar conciencia de cómo nos comportamos ante las dificultades y las adversidades que son, sin duda, la base de nuestro camino. El miedo es una emoción que todas las personas experimentamos, ya que es una emoción básica y por ende adaptativa, puesto que nos activa para huir o enfrentarnos a los posibles peligros, dependiendo de los recursos que dispongamos.

¿Cuál es nuestro problema, entonces, con el miedo? Hemos aprendido a reaccionar con miedo ante muchos tipos de estímulos que realmente no suponen ningún peligro. Este miedo es irracional y es el que caracteriza a las fobias, y el que está presente en los principales trastornos de ansiedad, como el estrés postraumático, ansiedad generalizada  y el trastorno de pánico.

Uno de los factores ambientales más relevantes en el inicio de los trastornos de pánico es que haya ocurrido previamente alguna situación que haya provocado estrés psicosocial. Esto es lo que comúnmente se conoce como sucesos vitales estresantes. En nuestro modo de vivir las relaciones con los demás, hemos podido aprender a tener miedo de lo que puedan pensar de nosotros, de la imagen que estemos dando, y que creamos que quizás no somos lo suficiente buenos para que alguien nos valore. Esto es algo que pensamos de forma inmediata, como un automatismo. ¿Por qué nos sucede esto? Lo veremos a continuación.

Pensamientos autodestructivos

Estos pensamientos que hemos descrito anteriormente forman parte de nuestros pensamientos más autodestructivos. Lo peor es que tenemos la sensación de que no podemos controlar estos pensamientos, hasta el punto que sentimos que se apoderan de nosotros. Es así como quedamos a merced y caemos en la trampa de nuestros propios miedos.

Una de las principales causas en los trastornos de pánico, cuando ya se ha experimentado, es el propio miedo a tener otro ataque de pánico. En este sentido el miedo juega un papel fundamental, que está una y otra vez alimentando esta sensación. Esta es la paradoja de que el propio miedo nos provoca lo que más tememos.

“El que teme sufrir, ya sufre el temor.”
Proverbio chino

¿Podemos controlar realmente nuestros pensamientos? En primer lugar es importante saber por qué los tenemos, por qué nos empeñamos en boicotear lo que vivimos y experimentamos. Esto es un proceso que requiere de conciencia y autoconocimiento. Es un proceso al que nos invita profundizar la meditación.

El gran interés que existe actualmente por la meditación no es de causalidad, es porque realmente nos sirve como estrategia para afrontar muchas problemáticas que nos estamos creando nosotros mismos a través de nuestros pensamientos, que alimentan nuestros miedos más irracionales. Cada vez dedicamos menos tiempo a la reflexión y a cuidar de cómo nos sentimos. Vivimos desconectados ante un mundo lleno de estímulos y distracciones, esto nos hace olvidarnos de nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y emociones. Simplemente nos dedicamos a pasar por la vida sin consciencia alguna de lo que estamos experimentando.

Esta desconexión es lo que provoca que conozcamos tan poco de nosotros, que nos convirtamos en lo que pensamos, que nos confundamos con que somos nuestros miedos y nuestras dificultades. Somos mucho más que todo eso, somos realmente las únicas personas que podemos controlar esas sensaciones, y quienes decidimos cómo vivir nuestra propia existencia. Los pensamientos autodestructivos dan lugar a los trastornos de pánico, debido a que tenemos la sensación de que no tenemos el control, de que estamos a expensas de lo que suceda, sin que nosotros podamos hacer nada.

Esta pérdida de control viene precedida de la falta de conciencia sobre nuestras potencialidades y sobre lo que somos capaces de hacer ante las circunstancias que vivimos. Es importante saber que somos los protagonistas y responsables de lo que experimentamos, a esto es a lo que nos ayuda la meditación.

El miedo se rompe frente al conocimiento

Como hemos visto, las crisis de ansiedad, así como los trastornos de pánico, son consecuencia de nuestra desconexión y de nuestra falta de autoconocimiento. Estas sensaciones que se experimentan que nos generan tanta ansiedad, pueden ser reducidas hasta ser convertidas en una experiencia que nos enriquece. Esto explica como ante una misma circunstancia una persona se derrumba y otra crece y se desarrolla ante lo ocurrido, extrayendo buenos aprendizajes. Esto también tiene que ver con la resiliencia que cada persona haya construido.

¿Cómo puedes romper con esos miedos irracionales? Nadie puede responder por ti a lo que tú tienes que hacer por ti mismo. Esto es algo que forma parte de cómo has decidido vivir tu experiencias. Con la ayuda de la meditación puedes comenzar un proceso que te haga poner tu foco de atención en las potencialidades que tienes y los recursos con los que cuentas para enfrentarte a las situaciones que percibes con terror. Quien causa esa ansiedad es tu percepción, no el estímulo.

Si el miedo, el terror y las desconfianza que percibes ante esas situaciones lo transformas en una experiencia que te beneficia para tu desarrollo personal, estarás abierto a recibir los aprendizajes que cada experiencia te aporta. Ahora que ya sabes de dónde vienen estos miedos irracionales, no temas ser el protagonista de tu propia existencia y asumir el control de cómo quieres vivir tu vida.