Existen algunas aflicciones mentales como son el apego, el orgullo y los celos que suelen ser las principales fuentes de nuestro sufrimiento. La mayoría de nosotros en mayor o menor grado pasamos por alguna de estas disposiciones mentales, puesto que nuestro ego forma parte de lo que somos y es el que alimenta este tipo de veneno en nuestras vidas ¿Podemos distanciarnos de estas aflicciones en nuestras vidas? Veremos a continuación lo que suponen.

Sabemos por la sabiduría popular que nosotros mismos, en la mayoría de ocasiones, somos nuestros propios enemigos, los más letales y crueles. Boicoteamos nuestras vidas a través de actitudes irracionales que van en contra de nuestra propia naturaleza. Es así como nos destruimos y nos separamos los unos de los otros.

No cabe duda de que conforme “evolucionamos” damos pasos y hacemos progresos en beneficio de nuestra comodidad. Un gran ejemplo de ello son los avances tecnológicos. Sin embargo, aún nos vemos con muchas dificultades para gestionar nuestras emociones, aprender a relacionarnos de una forma constructiva y saludable, y dar sentido a nuestras vidas basándonos en el amor. Hacemos grandes avances en cómo llegar y conocer otros planetas, pero en cambio no hemos aprendido a conocernos a nosotros mismos y cultivar nuestra paz interior.

El deseo de estabilidad y de apego con su correspondiente dolor y placer, ansiedad y miedo, no es amor. Cuando ese deseo y apego están total y absolutamente ausentes, entonces existe el amor, no antes.

– Krishnamurti

Nos damos una excesiva importancia personal, pero a través de un mal enfoque. Dirigimos toda nuestra energía hacia el exterior, sobre lo que tenemos que conseguir, lo que debemos de aparentar y a quién tenemos que conquistar para alcanzar el éxito. Alimentamos el apego, el orgullo, los celos y la ira, distanciándonos de los demás a través de las comparaciones y del conflicto. El problema radica en que no estamos haciendo un proceso de desarrollo de dentro hacia fuera, sino de fuera hacia dentro. Veremos qué implica esto.

¿Quieres seguir alimentando tu sufrimiento?

En nuestro día a día nos enfrentamos a multitud de circunstancias, dificultades y adversidades que nos hacen sentir tristeza y pasar por malas rachas que contribuyen a nuestro aprendizaje y desarrollo. Ahora bien no hay que confundir lo que es inevitable con lo que nos hacemos a nosotros mismos y si es evitable. El dolor emocional está relacionado con lo necesario para fortalecernos y crecer ante las dificultades. Sin embargo, el sufrimiento tiene una mayor relación con nuestro ego, algo que sí podemos evitar, pero nos empeñamos en mantenernos estancados por cuestiones como el orgullo.

Esta es una leyenda del pueblo Cherokee (Los nativos de América del Norte) sobre una pelea interna entre dos lobos que todos llevamos dentro de nosotros:

“Un hombre dijo a su nieto: “siento como si tuviera en el corazón dos lobos que se están peleando. Uno de ellos es violento, está siempre enojado y queriéndose vengar. El otro está repleto de perdón, compasión y amor”.

El niño le preguntó: “¿Cuál de los dos será el que gane la pelea y se quede en tu corazón?”.

A lo que el abuelo le respondió: “El que yo alimente”.

A través de esta corta reflexión encontramos una de las claves principales de nuestro sufrimiento. Se trata nada más y nada menos de la actitud que alimentemos. Podemos decidir quedarnos estancados en una situación que nos genera malestar, pensando en el dolor que nos ha generado, regocijándonos, e incluso generando un sentimiento de odio y de venganza. O, por el contrario, podemos seguir otro camino, el de alimentar la compasión, el entendimiento y, en definitiva, el amor. Esto último nos aliviará de todo rencor, para que optemos por seguir con nuestro desarrollo personal.

Al final es decisión tuya mantenerte estancado en el sufrimiento que generan las actitudes que corresponden al ego, sintiéndote ofendido y molesto por lo que te hayan hecho, por lo que ha sucedido o por lo mal que te ha ido con algo en lo que tenías puestas tus esperanzas e ilusiones. O simplemente decidir seguir adelante con ese malestar para que se disipe y vaya transformándose en algo más beneficioso y productivo para ti.

Liberarnos del apego y de todo aquello que nos envenena

En la sabiduría de Buda podemos encontrar una frase bastante reveladora sobre el ego: “Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar a que la otra persona muera”. Así es, nosotros mismos nos envenenamos a través de estas actitudes que tomamos que van dirigidas a alimentar el orgullo y el apego.

Hemos aprendido a desarrollar estas perturbadoras emociones como un recurso primario, para defendernos de todo lo que ataca a nuestra vulnerabilidad. Todos nosotros hemos experimentado estas emociones alguna vez. La diferencia en cómo las afrontamos es lo que nos puede hacer caer en el abismo y espesor de nuestras sombras, o hacernos vislumbrar la luz que nos guía hacia nuestra felicidad interior.

El trabajo a realizar para liberarnos del apego y todo aquello que nos envenena ha de ser interno para que se refleje hacia fuera. Esto supone tomar consciencia sobre estas actitudes mentales que hemos adoptado, e ir poco a poco dejando de alimentarlas para fortalecer las actitudes que nos llevan a una mejor comprensión de nosotros mismos y de nuestro entorno.

En técnicas como la meditación puedes encontrar las fortalezas que te lleven a ir adoptando estas actitudes que te liberan de aquello que te causa un sufrimiento innecesario. Si sientes que tú mismo estás haciendo de tu vida un amargo sufrimiento, detente y reflexiona. Toma las decisiones que te hagan salir de ese estado que tú mismo estás provocando.

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